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REFLEXIONES Y DEMÁS: PALABRAS AL VIENTO









Cuento: Otra lluvia

El rumor de la lluvia me arrancó del sueño y salí de la cama urgida por escribir en algún papel sobre las gotas inquietas, los espejos rotos, las burbujas ensayando danzas, los gruñidos perezosos de truenos quejándose tras los rebaños de nubes. Tengo esta inútil costumbre de escribir sobre la lluvia, de recordar estas imágenes inventadas de tu cuerpo y el mío caminando bajo el agua, de tus ojos sonriendo al mirarme, de mis manos mojadas escurriéndose entre tus dedos al cruzar la calle. No puedo evitar recordar la lluvia de manos pequeñas como un parámetro y necesito aclararte que aquí las tormentas se desatan con estruendo, que la llovizna se transforma en torrente, que la brisa se hace girones de aullidos y el viento desmedido sacude, estremece, arranca con lujuria las hojas de los árboles.
Escribo páginas enteras cargadas de incoherencias. El clima descontrolado me incita a desatar palabras que anudo y aplasto con tanto esmero, al cabo de tantos días, a través de tantas distancias y silencios.
Salgo a la terraza. Estiro las manos bajo la lluvia. La tormenta sacude mi camisón rasgado. Hilachas de encaje y de seda rodean mis piernas como serpientes, se enroscan y se adhieren. El agua helada me recuerda el fuego. Recuerdo, empiezo a recordar. El calor, la piel con la que estaba enredada durmiendo. Habíamos quedado exhaustos, abrazados, fusionados. Era normal, real, natural, tangible, no era un sueño. Claro cuando soñamos vivimos la realidad  del sueño.
Se me anuda la garganta. Unas ganas de llorar me ahogan.
Esta todo desordenado.
 La lluvia insiste.
Te busco y no estas. Las sábanas quedaron estrujadas y no estamos. Te hablo por dentro, desde adentro y de alguna forma me respondes.
Quisiera creer que estoy un poco desequilibrada. Qué reconfortante sería comprobar que estoy loca! Que alguna pastilla podría solucionar estas desesperadas ganas de abrazarte, inmovilizar tus manos que siento acariciarme, callar tu voz que escucho llamarme.
Procuro serenar mi mente. Entablo el monólogo interior que invoque al razonamiento: Estás a incontables kilómetros de distancia. Nunca nos vimos antes. Fue un sueño. Es normal, toda la gente sueña. Sólo lo soñé. Fue vívido nada más. No estabas allí. No fueron tus manos sino mi sensación. No era tu piel, sino mi deseo. Tu ternura fue producto de mi añoranza de afecto. Leí alguna vez sobre los mecanismos de defensa de la psiquis, sobre la sustitución; la fantasía que aparece para tapar heridas dolorosas y profundas cuando la mente se encuentra al límite de su resistencia al sufrimiento.
Tanteo libros en la biblioteca.
La lluvia esta implacable.
El viento destroza con furia.
Los vidrios se estremecen.
Leer, comprender, buscar respuestas lógicas me devuelve algo de paz.  Al cabo de un rato la lectura me convence, la ciencia me domina.
Preparo el desayuno más relajada. En un rato encenderé la radio para escuchar noticias y establecer contacto con la realidad mundana y colectiva.
El vapor elevándose de la taza me recuerda  tu sonrisa. Me acariciabas y sonreías. Me mirabas sin detenerte. Apenas hablábamos. Cuando queríamos decirnos algo acercábamos las bocas y ellas se pegaban como imanes en una confusión de besos, lenguas, dientes, humedades que se esparcían por tu cara, por mis hombros. Después del ardor y la lujuria quedábamos sosegados, acariciándonos eternamente con la inocencia de ángeles desnudos. Me rozabas la piel con la delicadeza con que se tocan las flores. Yo no podía dejar de recorrerte con las yemas sintiéndote tan mío.
Inspiro. Cierro los ojos. Estoy convencida. Pensar que fue un sueño me devuelve la cordura. Iniciaré el día, centrada y monótona, atendiendo las obligaciones de mi rutina, tan distante y ajena a tu vida, a tus quehaceres, a las horas dispares de tu país distante. Camino directo hacia la perilla de la radio, pero en medio suena el teléfono y detrás del tubo tu voz desencajada me nombra. Me hablás de alucinaciones, de que tu mente no esta bien, que tenés miedo de haber enloquecido, que anoche dormimos juntos, que lo soñaste o que lo viviste. Que fue fuerte, que fue verdad. Que mi perfume esta en tu piel, en tu boca, en tus cortinas. Que me levanté hablando de la lluvia y procurando retenerme arañaste mi camisón blanco y despertaste aferrando una flor de encaje entre las manos.
El aguacero feroz retumba en el jardín.
Una bocanada de viento abre de par en par la ventana.
Sobre mis muslos flamean las hilachas de seda desgarrada. Del encaje roto pende una hilera incompleta de flores a merced de la tempestad…

Patrice
2011




Qué será el arte?

Aquí, en los suburbios de Buenos Aires, una brisa crepuscular se arroja sobre todas las cosas, mientras el sol arrastra sus últimos girones de luz, y yo intentando exprimir los instantes moribundos de esta tarde me pregunto una vez más: qué será el Arte?
Hastiada de teorías y definiciones almidonadas, me entretengo cazando ideas silvestres. Mis ojos recorren el intrincado espiral de texturas anaranjadas de la obra que terminé anoche. Los colores se enlazan, se enriendan y se funden conduciendo la mirada siempre al mismo lugar. Al centro.
Trato de pensar en mi centro, mis regiones intangibles, allí donde las ideas revolotean y procrean. Esa zona donde una parte mía trabaja incesante, tamiza el cielo de hoy, la melodía de la radio, el vuelo presuroso de los pájaros acudiendo al nido, la ronda de la infancia dibujando el espiral; mi mano y las manos de los niños que arrullé entre los dedos.
Es verdad que las texturas aglobadas parecen brazos o nudos de manos unidas.
Qué será el Arte?
Será esta manía de cazar hebras del mundo, pedirles que se posen en hileras de colores o matices disparatados sobre el lienzo; para soltar luego la obra como una mariposa, esperando, rogando que ojalá alguien más haya aprendido a escuchar lo imperceptible, a contemplar lo intangible, a comprender lo insondable?
Patrice A. Blanco
Octubre 2010
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Reflexión sobre todo un poco y sobre cómo hacer algo cada uno desde su lugar…

Cada uno de nosotros se desenvuelve en diversos roles, y a lo largo de la vida, el mundo que nos rodea, las experiencias, los pequeños desencantos cotidianos, el modelo que nos dan los medios en sus ficciones, la popularidad que ganan los personajes más escabrosos de nuestra sociedad y los realitys que hoy están tan de moda, nos enseñan a confrontar, exigir, discutir, ofender, degradar, mediocrizar. Estas conductas y modelos que nos rodean, nos bombardean insistentemente, se hacen parte de nosotros, se nos calsifican en la conciencia y todo lo que es negativo, desleal, perjudicial para la vida de cada uno y la evolución de todos como sociedad, se torna normal, aceptable, natural, en contrapartida a los valores enclenques que escasas instituciones - familia, escuela, iglesias-, nos transmiten.
Como contrapartida a las enseñanzas morales que, somos bombardeados constantemente, por modelos y conductas devastadores para cada uno de nosotros como individuo, y finalmente para todos como sociedad.
Como presas tironeadas por los estímulos, cuando estamos frente a una problemática social acusamos al gobierno, en un apuro laboral, buscamos culpar al jefe, al compañero, al empleado ineficiente; la insatisfacción en las relaciones de todo tipo nos impulsan a convertirnos en verdugos en busca de culpables. Juzgar, acusar, exigir se convierte en una especie de destreza que perfeccionamos a lo largo de la vida y practicamos en todos los ámbitos, relaciones y experiencias. Estas actitudes alimentan sigilosamente a la violencia, intolerancia, egoísmo, y en sus más altas expresiones a la guerra.
Más allá de los conflictos individuales, sentimos que no somos felices, algo nos falta, un hueco inconmensurable crece en una zona invisible de nosotros mismos. Tal vez una de las razones sea que más allá de todos los roles de los que nos disfrazamos para representar los variados papeles que nos exige la existencia mundana, poco a poco vamos olvidando el más importante, que por sobre todas las cosas somos SERES HUMANOS. Y la humanidad se nutre de todo aquello que no se puede describir con palabras, tocar, ni ver. El nutriente abstracto y a la vez más real que el aire que respiramos.
¿Cómo sería nuestra vida si buscáramos con empeño alimentar esas ansias que llevamos dentro con cosas, experiencias y acciones positivas, cooperativas, solidarias, generosas?
¿Cómo sería nuestra sociedad si cada uno de nosotros individualmente cambiáramos?
Formamos parte de estructuras mayores y organizadas que creamos hace siglos para ordenarnos, les delegamos poderes y luego las culpamos por los fracasos. Con este mecanismo nos hacemos a un lado de nosotros mismos, nos victimizamos, nos reconocemos impotentes. Posiblemente la solución no radique en las manifestaciones
Yo soy completamente ignorante de temas políticos e institucionales, soy una persona minúscula, común y corriente, dotada de los conocimientos básicos que me permiten reflexionar sobre algunas cosas, aunque mi fuerte tampoco es la reflexión, sino el arte y un puñado de experiencias de amor en sus más bellas expresiones. Desde mi humilde lugar convoqué a algunos amigos artistas y les pedí que nos uniéramos para dar un mensaje de Amor y Paz al mundo. Sus voces resonaron en mi interior como un espejo; tengo el privilegio de conectarme cada día con personas extraordinarias que se van sumando a la iniciativa, que no es mía, sino de todos los que traen una porción de sí mismos y la arriman como fichas de un rompecabezas. La CRUZADA DE ARTISTAS POR GOTAS DE LUZ SOLIDARIA, es una suma de talentos, voluntades, poesías, colores, reflexiones, amistad. Y queremos compartirla con el mundo entero e invitar a quienes gusten sumarse.
Mis amigos trajeron a sus amigos y se formó una extensa cadena que hoy sigue creciendo,
No se bien hacia donde vamos, pero vamos bien.
Quizás existan otras maneras de hacer las cosas, otras formas de vivir, otras fuentes de felicidad, verdadera felicidad y satisfacción para el alma humana…
Patrice A. Blanco
2010
www.cruzadadeartistas2010.blogspot.com
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NACIDO DEL DIÁLOGO CON UN BELLO ARBOL DE RAMAS FRONDOSAS…
Cuando pinto es diferente


Cuando pinto es diferente. Los procesos creativos son variados y diversos. Por ejemplo, cuando me propongo pintar un retrato, necesito darle vida en una zona de mi mente donde soy capaz de ver cada detalle y me enfrento al lienzo sólo después de tener una imagen completa y definida en mi interior; entonces pintar es como derramar el agua de una vasija hacia otra. La pintura abstracta, en cambio, es tan opuesta a la figuración en el resultado como el desarrollo. El proceso creativo evoluciona por senderos impredecibles. Me planto frente a la tela en blanco, sintiéndome tan blanca como ella. Somos la nada absoluta y a la vez compartimos esa fuerza colosal del universo entero, la potencia de una estrella que al explotar fervorosa tiene el poder de crear planetas, lunas y galaxias con sus intrincados misterios cósmicos. 
Llego cargada muchas veces con un solo elemento, como si fuera una semilla,  que puede ser una sensación vaga, una frase, una idea pálida, enclenque; un color que traje pegado en las pupilas de algún paseo. Esa mínima carga es el detonante que me impulsa a escoger paleta, pinceles y formar una hilera con los pomos de óleo que la intuición escoge y los conocimientos archivados en la memoria aprueban o desechan.
La tarea más heroica y difícil es romper la blancura sepulcral de la tela virgen. Dotarla de color es como matarla del todo, para convertirla en otra cosa. Me recuerda la poda de los árboles en otoño, cuando veo que los hombres se trepan salvajemente haciendo crujir las ramas y las despedazan sin piedad, sin ninguna delicadeza arrojando los troncos mordidos por motosierras y serruchos, desangrados de sabia. Pobrecito!, exclamo y trato de salvar las ramas que pueda, esa no la corten que me gusta, aquella quiero que se extienda hacia allá en primavera, va a dar buena sombra. Alguien me dice que a los árboles no les duele que los poden, que los beneficia, que luego crecerán mejor y más fuertes.
La certeza que tengo es que al lienzo no le duele que lo pinten – de otra forma jamás hubiera sido pintora, es más hoy estaría combatiendo a los pintores de todo el planeta-. Para ello ha sido creado, para ser el recipiente de algo sagrado, invisible, que por las manos del artista ha pasado de una dimensión a otra y se convierte en algo físico, “real” para los sentidos del común de la gente.
La primera pincelada es como una campanada, una llave que abre portales mágicos. Comienzan a llegar seres extraordinarios que se acomodan en el atelier, son testigos extasiados que merodean, observan, a veces susurran recomendaciones. Ocurren acontecimientos sutiles. Se mueven energías delicadas, poderosas, sumamente agradables y elevadas. Hasta los gorriones que anidan en el tejado lo perciben, noto que se desesperan por entrar, golpean los vidrios con las alas, se paran en el borde de la ventana a mirar, se llaman entre ellos y se amontonan, se arremolinan. Muchas veces llegaron ráfagas de aromas florales dulces y penetrantes, extrañamente en invierno cuando la flora dormía. Pequeños acontecimientos de esta índole se suceden con el paso de los días. Lo extraordinario se hace rutina y convivo naturalmente con las entidades que me acompañan en el día y se despliegan con mayor destreza cuando el silencio de la noche y el sueño me tornan más receptiva.
La semilla que llevaba conmigo al comenzar, da sus brotes. Los colores vierten sus encantos como ríos. Voy creando paso a paso, alimentándome de lo que siento, presiento y percibo.
Crear de esta forma esta fuertemente ligado al sentir, al reconocer todo lo que es invisible a los ojos humanos; y me siento una obrera a la que se ha encomendado la tarea de transportar cargamentos de otros mundos a este.

Patrice  A. Blanco
2010